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¿Por qué es importante que las contraseñas de tus redes sociales sean seguras?

Nos centramos mucho en establecer una seguridad en nuestro mundo digital que sea más imponente que el Muro de Juego de Tronos, en que nuestras claves de acceso al móvil, al banco o las aplicaciones de compra, sean tan enrevesadas que ni nosotros mismos pudiéramos hackearlas. Pero, sin embargo, para nuestras redes sociales terminamos tirando de nuestra ciudad, fecha de nacimiento o nombre de nuestra mascota. ¿Por qué no le damos la misma importancia?

Tendemos a pensar que no se nos puede hacer nada hackeando nuestros perfiles. Es un error porque contar con un altavoz que hable en nuestro nombre también nos puede meter en más de un problema. Y qué decir de los perfiles corporativos de instituciones, medios de comunicación o marcas comerciales. O de los perfiles de personajes reconocidos por todos como puede ser Marck Zuckerberg.

El creador de Facebook y dueño de Whatsapp e Instagram cometió un error de novato cuando se abrió sus cuentas de Twitter y de Pinterest. Utilizó la contraseña “dadada”. Y un grupo de hackers que se hace llamar Our Mine, buscando algún beneficio o por simple entretenimiento. En este caso el problema no va a más, porque los seguidores de las casi inactivas cuentas del CEO de Facebook se percataron rápidamente de que le habían suplantado la identidad (virtual).

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Peor se pasó cuando, en abril, otro grupo de hackers entró en el perfil de twitter de Associated Press e “informó” de que habían atacado la Casa Blanca y que Barack Obama estaba herido. El pánico se extendió muy rápido y aunque el falso ataque fue desmentido rápidamente, la Bolsa de Nueva York se resintió. También una marca comercial fue víctima del entretenimiento de otros usuarios que decidieron acceder a perfiles sociales ajenos. Se trata de Burguer King que en su cuenta de Twitter puso una foto de McDonalds e informó de que la última compañía había adquirido la marca. No se sabe a ciencia a cierta cuál era la débil contraseña, pero la mayoría de las apuestas señalan a la palabra “whopper”

Aunque claro, todo esto no es de extrañar cuando se dan a conocer determinados datos. De entre las últimas 58.000 cuentas hackeadas en Twitter, las contraseñas más usadas fueron 123456, 123456789 y 102030. Nada para lo que haya que ser experto informático. Y no será necesario recordar que cuando se entra en un perfil ajeno, no solo se puede secuestrar la cuenta y hacer lo que se quiera con ella, sino que, además, se puede acceder a muchos datos que pueden ser utilizados con fines aún más maliciosos que el de simple divertimento.

Deberíamos darles la misma importancia a esas contraseñas que a la que usamos para hacer compras online. Por ello no está mal recordar algunas claves que, aunque muy básicas, pueden evitarnos más de un lío. Por ejemplo,, alternar mayúsculas y minúsculas, utilizar símbolos y números, cambiar las contraseñas regularmente y nunca repetir la misma para diferentes cuentas. ¡Ah! ¡Y nada de usar el DNI, el nombre o la fecha de nacimiento! Y por supuesto, no utilizar “dadada”.

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